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Torres de campo y torres de ciudad

La forma arquitectónica de la torre existe desde hace mucho tiempo. En Italia, las torres romanas se incluyen en las cintas murarias, como en Spello o en Aosta, o pertenecen a estructuras aisladas, comparables entonces a un castillo. Se les conoce bien, tanto por la arqueología como por la documentación textual disponible. Después de un breve período de retroceso durante la alta Edad media, periodo de utilización exclusiva de las torres en protección de las ciudades, reaparecen en el siglo X, a menudo reconstruidas con materiales antiguos, y en los mismos sitios. La utilización de esta forma arquitectónica continua hasta nuestros días, y aùn se encuentra en la ciudades actuales.
Se encuentra en el Vocabolario toscano dell'arte del disegno, de Filippo Baldinucci la siguiente definición:

Torre: Fém. Noble edificio que con poca superficie y apoyos al suelo se eleva mucho sobre las fundaciones, en las cuales se basa. En torno a los puertos sirve para ayudar a los navegantes, y en otras partes sirven desde hace mucho para defender lugares y Ciudades. Pueden ser cuadradas, redondas, u de otras formas, recortadas, por muchas de ellas, por distintas estructuras, que se llaman los nudos de las torres. La más alta parte de las torres puede terminarse en una bóveda, en loggia, en merlos, o similares. Nuestro Antenatos las llamaban (...) indiferentemente Torres o Palacios.

La torre corresponde a funciones militares precisas: protege, permite ver mejor y ver más lejos, permite señalarse más lejos también, por medio de señales, y en consecuencia comunicar más rápidamente que cabalgando o corriendo. Si los Romanos las construían de piedra, durante la alta edad media, y durante el siglo X la tendencia es más bien de construir en madera, protegiendo los edificios por un sistema de recintos.

Los castillos sobre "motte", es decir, construidos sobre una subida del terreno, aparecen en esa época en Francia y en otros lugares. Son dominados por su torreón central de plan cuadrado, y siguen siendo esencialmente construcciones en madera. Sólo a partir del siglo XI se construyen estructuras más pesadas, de otros materiales, en el mismo tiempo en que se extienden otros fenómenos, militares o sociales, vinculados al feudalismo. El control de las carreteras y campañas se impone entonces por medio de castillos y torres, controlados por señores de distinta importancia. La piedra y el ladrillo son los materiales más valorados, símbolos de riqueza, prestigio y solidez.

Las torres son de plan cuadrado o rectangular, de seis a diez metros por parte, pudiendo alcanzar grandes alturas (treinta metros a Magione). Sus paredes alcanzan hacen fácilmente un metro cincuenta o dos metros de espesor a su base. Pueden ser de uso exclusivamente militar, como es el caso para la torre de los Lombardos, o ser casas-torre como se encuentran por ejemplo en Lunigiana, en el norte de la Toscana actual. El acceso puede, a su base, ser protegido por un puente levantable, pero también está previsto uno en el primer piso, a partir de edificios vecinos, o de la pared de recinto, por escaleras o pasarelas en madera fácilmente destructibles, que mejor garantizan la seguridad. Adentro, el edificio se divide en varios pisos, separados por pisos en madera. Sólo el primer piso, vivienda y recepción, y el último, más expuesto a los proyectiles y flechas, se cubren de bóvedas, a través de las cuales pasaban escaleras para subir a los pisos superiores, o hasta la cumbre de la torre. Aunque más habitable, la casa-torre responde a normas comunes: solidez, ventanas muy reducidas, sobre todo en las partes bajas, terrazas o altas ventanas en la cumbre para ver y ser visto desde lejos. Permite a los soldados de la guardia de dominar físicamente quien los asedia, de no temer cuerpo a cuerpo, y de exponerse lo menos possiblea lanzas y flechas. De piedra o de ladrillo, las torres no queman, y son casi inexpugnables, y por otra parte sin interés ofensivo. Sólo traición o hambre, después de un largo tiempo, pueden reducir una torre o una fortaleza a la gracia del enemigo. Esto explica que su toma sea generalmente sin interés.

En Italia, las situaciones politicas evolucionan muy rápidamente, en un primer tiempo en favor del poder de la iglesia y de sus representantes, los obispos, y en un segundo tiempo, en favor de los municipios. Las familias, que tienen torres y castillos en las campañas, pierden de su prestigio y su poder en favor de las ciudades y de las fuerzas urbanas. Ademàs, éstas se disputan duramente entre ellas, o hacen la guerra a otras potencias. Las campañas son devastadas, en particular en los puntos de paso más importantes, o con valor estrategico. Las ciudades ejercen una gran presión sobre los señores feudales, para imponerles su voluntad. Florencia lleva una guerra incesante contra toda voluntad de independencia en su contado, reduciendo castillos, torres y fortalezas, cada vez más lejos, a medida que crece su influencia territorial. Las familias, aunque sean potentes y prestigiosas, se ven en el obligo de instalarse en las ciudades. Pero mantienen parte almenos de su poder. En primer lugar, la riqueza, que les permite construir, incluso en ciudad, donde la presión demográfica hace subir el precio del terreno, a los materiales y ala mano de obra. En segundo lugar, el gusto de las torres, que su riqueza les permite construir.

Se ven así aparecer torres de ciudad, en casi todas las ciudades italianas. En Florencia, claro, pero también en San Gimignano, Génova, o Perugia, donde simbolizan el prestigio de las familias que las hacen construir, o de los consorti, en el caso presente agrupaciones de varias familias en torno a familias más prestigiosas, que toman su control. Última representante de su especie, La Torre degli Sciri, más famosa de familias que la ocuparon, es una de las "cumbres" de la ciudad de Perugia. Construida probablemente durante el siglo XII, culmina a cuarenta y seis metros de altura, como las cincuenta torres cuya existencia se certifica durante el siglo XIII. Lo mismo sucede en Lucca con la Torre (casi cuarenta y cinco metros de altura!) y el palazzo Guinigi, construidos en la segunda parte del siglo XIV. Manifiestan muy fuerte el prestigio de la familia que los hizo construir, entre las 250 torres y casas-torre que caracterizaban Lucca en la Edad media. Fazio degli Uberti escribió en el siglo XIV en su Dittamondo (Libro III Cap. V-221): "al avanzar, vimos en pequeño círculo aparecer Lucca, como un bosquecillo" (Andando noi vedemmo in piccol cerchio torreggiar Luca a guisa di boschetto).

La torre del campo emigra así en la ciudad, y se vuelve muy importante, si no preponderante, por lo menos en el paisaje. Pero la torre urbana conoce rápidamente una suerte contraria. La gran peste del 1348, que diezma a las poblaciones por todas partes en Italia, y especialmente en Toscana, libera de una vez muchos terrenos en la ciudad, haciendo al mismo tiempo caer los precios. Eso lleva los ricos a aumentar sus residencias, no en altura pero en anchura y superficie. Los nuevos palacios engloban a menudo los restos de las torres antiguas, como es el caso de la Torre Monalda en el palacio Bartolini (actual Hotel Porta Rossa), o en el palazzo Trinci a Foligno. Por otra parte, la desconfianza hacia los señores de parte de los popoli de las ciudades, grassi o minuti que sean, y la voluntad de las ciudades de afirmar su propio poder, las lleva a limitar progesivamente la altura de las torres familiares o de las consorterias, a cortar las torres en la altura de los edificios como en el prestigio de las familias, reservandolas para uso publico.